El Evangelio de los niños

27. febrero 2025 | Por | Categoria: Oración

Un sacerdote muy ejemplar, notable conferenciante y gran educador de jóvenes, eligió aquel día para su clase de formación este tema: Vamos a ser siempre unos niños delante de Dios. Pero su clase la comenzó con una pregunta inesperada:
– ¿Saben ustedes quién es mi Patrona particular, escogida con todo cuidado? Una jovencita preciosa: Teresa de Lisieux, la popular Santa Teresita del Niño Jesús. Es mi Patrona porque la quiero mucho.
Uno del auditorio pide la palabra, para decirle:
– ¡Claro! No tiene mal gusto. A una muchacha bonita, ¿quién no la va a querer?
Risas de todos. Pero el conferenciante continuó:
– Si me preguntan por qué la quiero tanto, se lo voy a decir confidencialmente. Todo se debe a que yo era un pésimo estudiante de matemáticas. Las odiaba de corazón. Y un día —¡qué casualidad!— conozco a un obispo sajón que dice: Yo amo mucho a Teresita, porque ha suprimido las matemáticas en nuestras relaciones con Dios. Tuve bastante con la confesión de aquel obispo. Al oírlo, me di cuenta de que yo había encontrado mi Patrona adecuada. Si no existieron para ella las matemáticas, Teresa y yo éramos hermanos gemelos…
Siguieron las risas, pero el sacerdote dictó entonces la clase de aquel día a sus formandos sobre una de las palabras más revolucionarias del Evangelio: Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

En medio de su sencillez, Jesús nos ha dicho una de las verdades que han quedado más profundamente grabadas en la conciencia de la Iglesia:
hay que ser como niños,
hay que hacerse niños,
hay que actuar como niños, por muy hombres y muy mujeres que seamos, si queremos ser algo delante de Dios.

No ha habido en el mundo un maestro o fundador de religión, un filósofo, un jefe o un líder, que haya tenido esa ocurrencia de Jesús: ¡A ser unos niños! Y como las personas mayores ya no pueden ser niños, entonces, ¡a hacerse niños voluntariamente! Y esto lo pone Jesús como condición indispensable para ser admitidos por Dios dentro de la esfera de la salvación.

¿Qué significa ser niños ante Dios? En realidad, el pensamiento de Jesús podría resumirse en estas palabras tan acertadas del Obispo y Doctor de la Iglesia San Juan Crisóstomo: El niño no tiene envidia, ni vanagloria, ni ambición; y, sobre todo, es sencillo y humilde.

Esto nos lleva a observar a Jesús en su conducta con los niños. El relato de Marcos no tiene desperdicio.
Jesús ama a los niños, esto es evidente. Y los niños, que adivinan y ven el amor de Jesús, se le apegan, se le echan en los brazos, no se quieren separar de Él. Han visto el amor, y aman al que les ama a ellos.
Y en esto tenemos al niño convertido en un maestro de nuestra vida espiritual. ¿Hemos adivinado el amor de Dios, que nos amó primero? Entonces, como el niño, amamos instintivamente a ese Dios que así nos ama.
Jesús lo experimentó en sí mismo, como lo reconocía San Ireneo, uno de los primeros Padres y escritores de la Iglesia, que comenta: Jesús se acordaba de que Él mismo había sido niño, de que había venido a santificar todas las edades, a santificar la edad de la niñez, en la que el mismo Jesús había sido un modelo de piedad, de ejemplaridad, de obediencia.

Al querer entender esta doctrina de Jesús, mejor que teorizar sobre lo que significa ser como niños, trae más provecho el aprender a actuar como los niños, que nos dan unas lecciones soberanas y cumplen el Evangelio de maneras que a nosotros ni se nos ocurren.

Por ejemplo, lo que hicieron aquellos niños ingleses en una iglesia suburbana de la gran ciudad.
Es el día de la Primera Comunión. El Sacerdote sale puntual y se coloca ante el altar de espaldas al pueblo, como se hacía entonces. Pronto comienza a impacientarse, pues no se oye ningún ruido: ¿Por qué no vendrán los niños?…
Al fin se vuelve para ver qué pasaba, y se queda pasmado.
La iglesia estaba llena. Los niños de las familias ricas, para no humillar a los de las familias pobres que iban descalzos, se han quitado los zapatos, entran callandito, y, mezclados con los más pobres, no se distinguen en nada de ellos. Se han hecho pobres con los niños pobres, para ser todos iguales, como el pobre Niño Jesús…

Para aprender el Evangelio, el camino más corto es éste: actuar como los niños. Cuando actuamos como ellos, por muy mayores que seamos, venimos a ser niños ante Dios.
Si actuamos como niños, no discutiremos lo que Dios y la Iglesia nos enseñan.
Si actuamos como niños, no sabremos lo que es desconfiar de Dios.
Si actuamos como niños, amaremos al Dios que nos amó primero.

Si actuamos como niños, al igual que Teresita, eliminaremos las matemáticas en el trato con Dios, es decir, no tendremos dificultades, porque iremos siempre agarrados de la mano de Dios nuestro Padre; y no nos asustarán nuestras culpas, sabiendo que por ellas no nos deja de amar nuestro Padre Dios, igual que el niño sabe que por sus rabietas no le deja de amar el papá…

Jesús, por su experiencia propia en la casita de Nazaret, por su observación de los niños, por sus mismas actitudes con los niños, nos pide que nos hagamos niños. ¡Qué cosa tan fácil para ser los más grandes en el Reino de Dios!…

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